Para empezar, una concesión al lugar común más repetido en estos días: “El terremoto ha puesto en evidencia lo mejor y lo peor de Chile”.
Cuando murió, hace tres años, se levantó un coro de alabanzas. Ya había obtenido el Premio Príncipe de Asturias; lo que correspondía -se dijo- era el Nobel.
Convengamos que se trata de un “error comunicacional”.
La siguiente nota nos permite introducir el tema de debate de estos días: el comportamiento de los medios en la cobertura del terremoto del 27 de febrero.
Después de dos días de cobertura periodística ya se habían levantado críticas al trabajo de la Televisión.
La presidenta Michelle Bachelet ha respondido (el miércoles) a casi todas las críticas provocadas por el terremoto, excepto a una, quizás la más importante.
Para quien intente conocer Chile y comprender a los chilenos, resulta esencial entender que este es un país sísmico.
El periodista hispano-chileno Amaro Gómez Pablos parecía un exaltado Clark Kent a punto de defender los supermercados privados.
Lloro. Tiemblo por Chile. Más allá de mi entorno -esculturillas quebradas, loza destruida, cuadros rotos- importa el dolor de millares de compatriotas.
Historias cortas para el registro.